“Señor Jesús vengo a ti como pecador(a) perdido(a) y condenado(a) al infierno. Me arepiento de mis pecados y te pido que me perdones. Creo con todo mi corazón que moriste en la cruz del calvario y te levantaste de los muertos. Te abro mi corazón y te recibo como mi Señor y Salvador. Por favor, toma control sobre mi vida y haz de mí lo que tu quieres que yo sea. Desde hoy, Yo soy Tuyo(a) y Tú eres mío. ¡Gracias Padre por este maravilloso regalo de la salvación! AMEN.”